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En Memoria de Diego Echeverry Campos
Jorge Vanegas
 

Hoy, ante Uds., en mente, corazón, y alma, a través de la distancia que nos separa, quiero rendir un homenaje a la memoria de un hombre, un profesional, un educador, un investigador, y un caballero impecable, pero más aún, de un esposo, un padre, un amigo, y un ser humano inigualable…

Hay momentos en que las palabras adecuadas para describir los sentimientos más íntimos y personales o no existen, o nos eluden, y este es uno de ellos… Pues no existen palabras que hagan justicia a la magnitud del impacto, la tristeza, la rabia, el dolor, y el vacío que he sentido (y que estoy seguro todos los que conocieron a Diego han sentido), con esta pérdida cruel, insensata, inesperada, inexplicable, e irreparable...

Mi corazón quedó hecho pedazos, pero sigue latiendo…  Mi sangre quedó fría, pero sigue corriendo por mis venas… Mis ojos han llorado torrentes de lágrimas, pero ya están secos… Se me hizo un nudo en mi garganta, pero sigo respirando, comiendo, y bebiendo… Y la vida sigue su jornada inexorable a través del tiempo y del espacio…

Y esto es lo que sé hubiera querido… que sé que quiere Diego: que sigamos viviendo y echando pa’delante...

Y por eso, después del choque inicial, del desahogo violento, y de mucha reflexión introspectiva, he logrado llegar a un estado de paz interior inspirado por la manera como Diego siempre se enfrentó a todo, ya fuera en lo personal, en lo profesional, o en lo académico:

  • con amor inextinguible a su familia, sus amigos, sus estudiantes, sus colegas, su universidad, y su patria…
  • con respeto, integridad, caballerosidad, y generosidad sin límites para todos los seres humanos que en cualquier momento cruzaran su camino…
  • con un verdadero gusto por todo lo que puede ofrecer la vida, con especial atención a la comida, la bebida, la música, y el baile…
  • iluminando con su sonrisa, ánimo, humor, y energía cualquier espacio que ocupara, desde su hogar hasta su oficina o su salón de clase…
  • haciendo del limón más agrio la limonada más dulce, o de la noche más oscura y triste un día lleno de sol y de alegría…
Sería muy fácil seguir hablando de Diego y su impacto e influencia en la vida de todos nosotros…  Pero es el momento de decir hasta luego, no adiós, sino hasta luego, pues a pesar de que su cuerpo descansa en paz, su espíritu seguirá incansablemente siendo parte de nuestras vidas… pues los recuerdos, las memorias, los momentos vividos y compartidos con él, las enseñanzas recibidas y las lecciones aprendidas, su ejemplo e inspiración, y mucho, mucho, mucho más, seguirán vivos dentro de cada uno de nosotros…

Lo que perdimos en esta tierra se lo ganó el cielo…

Así que Diego, mi amigo, mi hermano, mi compañero, mi colega, mi socio, y mucho más… ya nos veremos otra vez, y hasta que eso suceda, quiero que sepas, aunque sé que ya sabes, que te llevaré siempre muy pero muy dentro de mí… y también, te prometo, con todos aquí presentes como testigos, que mi compromiso hacia tu esposa Liliana, a tus hijos, a tus estudiantes, a tus ex-alumnos, y al programa que creaste y que nutriste con tanto cuidado todos estos años, seguirá en pié, firme, y siempre en honor a tu memoria…

Que descanses en paz…

 

Desde College Station, Texas

Miércoles, Agosto 27 de 2008